Un presupuesto de limpieza es una apuesta sobre cuánto durará el trabajo. Si lo calculas sobre el salario, perderás dinero en silencio durante años; si lo calculas sobre lo que cuesta de verdad una hora y sobre el tiempo que el trabajo necesita, cada contrato que firmes sumará margen en vez de restarlo.
¿Cuánto cuesta realmente una hora?
Empieza por el salario y añade lo que va encima: cotizaciones sociales, vacaciones, bajas y el tiempo pagado que no se dedica a limpiar: desplazamientos entre emplazamientos, briefings, esperas a un conserje con la llave. En la mayoría de los mercados europeos eso sitúa el coste real de una hora muy por encima del salario.
Después suma los costes que arrastra el trabajo: consumibles y material, desgaste de máquinas, kilometraje y la parte de administración, seguros y software que cada hora debe financiar. Solo cuando todo eso está dentro puedes añadir margen y llamar precio al resultado.
¿Cuánto dura el trabajo de verdad?
Estimar tras una visita rápida es una costumbre que conviene dejar. Dos oficinas del mismo tamaño se diferencian al doble según el tipo de suelo, el desorden de las mesas, el uso de la cocina y cuántas papeleras hay, y la diferencia es invisible hasta la tercera semana, cuando tu limpiadora termina cuarenta minutos tarde en cada visita.
Mide unas cuantas visitas antes de comprometerte con un contrato largo, y sigue midiendo después. Un trabajo presupuestado a 90 minutos que sistemáticamente dura 115 no es un problema de planificación sino de precio, y la única forma de verlo es tener los fichajes delante.
¿Presupuestar por hora o por visita?
Los clientes prefieren casi siempre un precio por visita o por mes: es previsible, es comparable y no invita a mirar el reloj. Presupuesta así, pero construye ese precio desde tu coste hora y tu tiempo medido, para que la cifra cerrada que ofreces sea la honesta.
En trabajo doméstico, muestra siempre el precio después del RUT junto al precio antes. Reducir a la mitad el coste visible es el argumento más fuerte que tienes, y un presupuesto que obliga al cliente a calcularlo pierde frente a otro que no.
¿Cuándo hay que subir un precio?
Los salarios y los materiales suben cada año, así que un contrato sin cláusula de revisión pierde margen cada año en silencio. Incluye la actualización desde el principio: una revisión anual en una fecha fijada es mucho más fácil que un correo pidiendo disculpas en el tercer año.
Sube pronto y poco antes que tarde y mucho. Los clientes aceptan una revisión anual moderada como algo normal; los que se van son los que reciben una corrección del quince por ciento después de cuatro años de silencio.
En resumen
- Construye un coste hora con salario, cotizaciones, tiempo improductivo y estructura
- Mide tiempos reales de visita antes de firmar un contrato largo
- Ofrece un precio cerrado por visita, pero constrúyelo con horas medidas
- Acuerda por adelantado una revisión anual de precio y aplícala cada año
Preguntas frecuentes
¿Debes enseñar tu precio por hora al cliente?
Normalmente no. Un precio por visita es más fácil de comparar y de aceptar, y mantiene la conversación en el resultado y no en el reloj. El coste hora es aquello desde lo que construyes el presupuesto.
¿Qué haces si un trabajo resulta mayor de lo presupuestado?
Vuelve con los tiempos medidos en cuanto el patrón esté claro, no al final del año. Con datos de fichaje rara vez hay discusión, y represupuestar en el segundo mes cuesta mucho menos que arrastrar doce meses en pérdidas.
¿Qué margen debería tener un contrato de limpieza?
El suficiente para sobrevivir a una semana de bajas, una llave perdida y una subida que no habías presupuestado. Es criterio empresarial más que fórmula, pero un contrato sin holgura para lo inesperado acabará encontrándolo.
SweepOS presupuesta desde tu tarifa, muestra el precio después del RUT y pone los fichajes reales junto a lo que cobraste, para que los contratos que renuevas sean los que ganan dinero y veas cuáles no.